Regular el sistema nervioso. 5 gestos que pueden ayudarte
Hay días en los que el cuerpo se acelera sin pedir permiso. El pulso sube, la...

“Mi mente no para. Mi cuerpo va por delante. Vivo en alerta constante.”
La ansiedad no es debilidad. Es una señal de que algo dentro de ti necesita ser escuchado.
Sientes un nudo en el estómago, te cuesta tomar aire como si no pudieras respirar profundo, tu mente se acelera incluso estando cansado/a.
El sistema nervioso autónomo, encargado de regular la respiración, ritmo cardíaco y nivel de energía, está diseñado para protegernos. Pero cuando ha habido estrés sostenido, trauma o falta de seguridad emocional, esa protección se vuelve excesiva.
Stephen Porges, creador de la Teoría Polivagal, explica que nuestro sistema nervioso está constantemente evaluando si estamos a salvo o no. A este proceso lo llama neurocepción. Cuando la neurocepción detecta amenaza, aunque no exista un peligro real, activa respuestas como:
El nervio vago es una de las principales rutas de regulación del cuerpo. Es decir: regula cómo vives por dentro lo que ocurre por fuera.
Dentro del Sistema Nervioso conviven dos grandes ramas:
Stephen Porges lo describe como un sistema jerárquico que se activa según el nivel de seguridad o amenaza que percibe tu cuerpo.
Cuando su rama ventral está activa, puedes sentirte:
Pero cuando el sistema detecta amenaza, el vago ventral se apaga y aparece la ansiedad. Por eso la ansiedad no se calma con lógica sino interviniendo sobre el propio cuerpo
Peter Levine, referente en trauma somático, lo resume así:
“La ansiedad es energía atrapada que busca completarse.”
Cuando el vago ventral se inhibe, entra en juego el sistema nervioso simpático, encargado de prepararte para la acción. Es el responsable de:
No es que “pierdas el control”. Es que tu cuerpo cree que tiene que protegerte.
Si la activación simpática no es suficiente o se mantiene durante demasiado tiempo, el sistema puede recurrir a una respuesta más antigua y más profunda: la rama dorsal del nervio vago.
Esta rama está asociada a:
No es pereza ni falta de voluntad. Estos síntomas forman parte de un mecanismo de supervivencia muy primitivo que se activa cuando el sistema interpreta que no puede luchar ni huir.
En el tronco del encéfalo, el núcleo del tracto solitario (NTS) actúa como un centro de integración. Recibe información del cuerpo (ritmo cardíaco, respiración, digestión, tensión interna) y decide qué respuesta activar. Como ya he comentado:
Por eso la ansiedad puede disminuir si ayudamos al sistema nervioso a volver a un estado donde el NTS pueda “leer” seguridad y no amenaza.
Peter Levine, referente en trauma somático, lo resume así: “La ansiedad es energía atrapada que busca completarse.”
La ansiedad no siempre tiene causa en el presente. A veces es una respuesta aprendida en la infancia, cuando no hubo suficiente presencia, calma o regulación externa.
Diane Poole Heller lo explica así:
“El cuerpo guarda un mapa de nuestras experiencias de conexión.”
Si creciste en entornos imprevisibles, exigentes o emocionalmente fríos, es normal que tu sistema nervioso haya aprendido a anticipar, a vigilar, a tensarse.
En la vida adulta, esto puede traducirse en:
No es que “seas así”. Más bien aprendiste a sobrevivir de esta manera.
La ansiedad puede manifestarse de formas muy distintas:
Cuando esos síntomas están presentes con bastante intensidad desde aproximadamente un mes, es hora de prestarles atención.
Muchas personas llegan a consulta diciendo: “Tengo ansiedad” Y cuando se sientan frente a mí, lo que observo no es únicamente aquello que dicen. También lo que el cuerpo está expresando.
Escucho tu respiración.
Observo cómo se tensan tus hombros cuando algo duele.
Cómo se acelera tu voz cuando aparece el miedo.
Cómo se ilumina tu cara cuando algo encaja.
La regulación, especialmente al inicio, ocurre en la relación terapéutica.
Tu sistema nervioso se regula en contacto con otro sistema nervioso que está presente, calmado y disponible.
Arielle Schwartz lo expresa de forma preciosa:
“La regulación es un acto compartido.”
Por eso, en terapia, mi papel no es llenar el espacio de palabras.
Es estar, leer tu cuerpo y acompañar tu ritmo.
Sostener lo que aparece sin prisa y sin juicio.
En un espacio seguro podemos:
No se trata de “quitar la ansiedad” , eso es imposible. Pero sí podemos entenderla, regularla y transformarla.
La ansiedad no define quién eres.
En INSPIRA Psicología, en Ávila, encontrarás un espacio pensado para que puedas entender lo que te ocurre, regular tu sistema nervioso y recuperar una sensación de calma que quizá llevas tiempo buscando.
Estoy aquí para acompañarte.
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