Neuroplasticidad positiva: 1 estrategia sencilla para entrenar tu cerebro a quedarse con lo bueno

La neuroplasticidad es la capacidad del cerebro para cambiar a lo largo de la vida. Cada experiencia, como una emoción intensa, un pensamiento repetido, un gesto de amabilidad o un momento de miedo, deja pequeñas huellas en nuestro sistema nervioso.

A veces vivimos momentos agradables como una conversación bonita, un rato de calma, un gesto amable, etc. Y, sin embargo, desaparecen de nuestra mente en cuestión de minutos. En cambio, aquello que nos preocupa o nos dolió puede quedarse dando vueltas durante horas o días.

En esta entrada quiero explicarte por qué ocurre esto y cómo puedes ayudar a tu cerebro a retener lo que te hace bien, en lugar de quedarse atrapado en lo que te hace daño. Para ello me apoyaré en una propuesta conocida como método HEAL, un enfoque práctico que invita a “saborear” las experiencias positivas para que dejen una huella más profunda.

Índice de contenidos

– Introducción: neuroplasticidad, trauma y crecimiento

– 1. El sesgo de negatividad: por qué lo malo pesa más

– 2. Neuroplasticidad: el cerebro cambia con lo que repetimos

– 3. El método HEAL: cuatro pasos para integrar lo bueno

– 4. ¿Tiene respaldo científico?

– 5. Cómo aplicarlo en tu día a día

– 6. Una reflexión final

Introducción: neuroplasticidad, trauma y crecimiento

El cerebro no es algo fijo: está cambiando constantemente y con cada vicencia se va moldeando poco a poco. Esto precisamente es lo que entendemos por neuroplasticidad, que puede ser de dos tipos:

Neuroplasticidad negativa:

Cuando vivimos experiencias abrumadoras o sostenidas en el tiempo, el cerebro aprende a protegerse. La psicóloga especializada en trauma Arielle Schwartz explica que el trauma no solo deja recuerdos, sino también patrones corporales y emocionales que el sistema nervioso adopta para sobrevivir. Ese aprendizaje fue adaptativo en su momento, pero puede mantenerse activo incluso cuando ya no hay peligro.

Aquí la neuroplasticidad sigue funcionando, pero lo hace al servicio de la alerta, la contracción y la defensa.

Neuroplasticidad positiva:

La misma capacidad que fija el trauma puede sostener el crecimiento. La neuroplasticidad positiva se refiere a la habilidad del cerebro para integrar experiencias de calma, conexión y seguridad, fortaleciendo rutas internas que favorecen la regulación emocional y la resiliencia.

Referentes en psicología somática señalan que el crecimiento postraumático no surge de forzar el pensamiento positivo, sino de permitir que el cuerpo registre pequeñas experiencias de seguridad y las repita lo suficiente como para que se vuelvan accesibles.

En este punto encaja el método HEAL: una práctica sencilla que ayuda al cerebro a quedarse un poco más en lo que nos hace bien, para que esas experiencias puedan convertirse en recursos internos estables.

El método HEAL fue creado por Rick Hanson, psicólogo clínico con doctorado y formación en neurociencia aplicada al bienestar. Su enfoque combina ciencia y práctica contemplativa para ayudar a transformar las experiencias positivas en recursos internos duraderos.

1. El sesgo de negatividad: por qué lo malo pesa más

Nuestro cerebro está diseñado para detectar peligros. Durante miles de años, prestar atención a lo negativo aumentaba nuestras probabilidades de sobrevivir. Esa herencia evolutiva sigue activa hoy, aunque ya no vivamos rodeados de amenazas constantes.

Como consecuencia:

– lo desagradable se queda pegado con facilidad

– lo agradable se desliza y se olvida rápido

Nuestro cerebro tiende a ser como velcro para lo negativo y como teflón para lo positivo.

Esto explica por qué puedes recordar una crítica durante semanas y olvidar un cumplido en cuestión de minutos.

La buena noticia es que este sesgo no es irreversible. Podemos entrenar al cerebro para equilibrar la balanza.

2. Neuroplasticidad: el cerebro cambia con lo que repetimos

La neurociencia lleva décadas mostrando que el cerebro no es estático. Cada experiencia, pensamiento o emoción deja pequeñas huellas en forma de conexiones neuronales. Si algo se repite, esas conexiones se fortalecen.

Esto significa que:

– si repetimos preocupación → reforzamos rutas de preocupación

– si repetimos calma → reforzamos rutas de calma

– si repetimos gratitud → reforzamos rutas de gratitud

¡No se trata en absoluto de “pensar en positivo”!, sino de darle espacio a lo que ya es positivo para que pueda asentarse.

3. El método HEAL: cuatro pasos para integrar lo bueno

El método HEAL propone un proceso muy sencillo para ayudar al cerebro a registrar las experiencias agradables. No es magia ni autoayuda vacía: es práctica atencional aplicada a la vida cotidiana.

H – Have (Ten una experiencia positiva)

Nota algo que te haga bien: un rayo de sol, un gesto amable, un momento de alivio. No hace falta que sea extraordinario.

E – Enrich (Enriquécela)

Quédate unos segundos más en esa sensación. Observa los detalles: la emoción, la temperatura, la respiración, la expresión de tu cara.

A – Absorb (Asimílala)

Permite que la experiencia “caiga” dentro. Nota cómo se siente en el cuerpo. Deja que te impregne.

L – Link (Conéctala)

Opcionalmente, puedes relacionar esa sensación con algo que te preocupa, como si la experiencia agradable suavizara la tensión.

Lo importante es que podamos pasar de simplemente notar una experiencia positiva a procesarla activamente para que tenga un impacto y cale en nosotros.

4. ¿Tiene respaldo científico?

El método HEAL se apoya en conceptos sólidos de neurociencia, como la neuroplasticidad y la regulación del sistema nervioso.

5. Cómo aplicarlo en tu día a día

No necesitas dedicarle tiempo extra. Puedes practicarlo:

– mientras tomas un café

– cuando alguien te sonríe

– al terminar una tarea difícil

– al notar un momento de calma en el cuerpo

Son solo 10–20 segundos de atención consciente. Lo suficiente para que el cerebro registre la experiencia.

6. Una reflexión final

No podemos evitar que la mente tienda a lo negativo. Pero sí podemos enseñarle a no pasar por alto aquello que puede hacernos sentir mejor. Cada vez que te detienes unos segundos en algo que te hace bien, estás fortaleciendo rutas internas de calma, resiliencia y conexión.

Este ejercicio no pretende ni consiste en obviar las cosas feas y difíciles de nuestro día a día. Más bien consiste en permitir que lo bueno también cuente.


¿Y si me siento identificado o identificada con esta entrada?

Si te has sentido identificada o identificado con este artículo,  podemos explorarlo en un espacio seguro.

Puedes escribirme sin compromiso para informarte y para solicitar tu primera sesión presencial u online. Estaré encantada de poder ayudarte.
Estoy aquí para acompañarte.

Si te interesa este contenido gratuito puedes visitar otras entradas del blog como:

 

Autocuidado emocional: 5 claves esenciales para cuidarte de verdad.

 

Compartir en:

Artículos relacionados

Blog